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El Escándalo de Potosí

● Por mirko.ravelo@gmail.com • 21 de septiembre de 2026 • Numismática

Aunque la primera casa de moneda de Sudamérica se estableció en Lima en 1568, al poco tiempo de su fundación esta debió ser cambiada primero a la ceca efímera que se estableció en La Plata y luego a su local definitivo en Potosí. La Ceca potosina tenía la ventaja de estar al lado de la producción del mineral. La plata amonedada o en barras era transportada a lomo de llamas hasta el puerto de Arica desde donde pasaba a Lima y de allí a Portobelo en Panamá para seguir hasta la metrópoli.

Las preocupaciones del Príncipe de Esquilache y de su sucesor el marques de Guadalcazar fueron finalmente probadas ciertas cuando en el año 1623 un ensaye realizado en la Casa de Contratación de Sevilla en unas
monedas potosinas dieron como resultado una falta de ley que preocupó a las autoridades, pero que sin embargo no fueron suficiente para que se decidiese tomar una actitud fuerte sobre un asunto tan delicado.

Las cosas continuaron sin variación en el virreinato hasta que años más tarde, durante el gobierno del virrey conde de Chinchón, en el curso de una visita efectuada por Juan de Carvajal y Sande y por el oidor Martín de Arriola, se pudo comprobar:

«La falta de exactitud en los pesos y dinerales de la Casa de Moneda, así como la consecuente falencia en las barras y piezas que se fabricaban en tal situación.»

Finalmente, el 15 de marzo de 1648, por especial encargo de Su Majestad, se envió al presidente de la Audiencia de Charcas, Francisco Nestares Marín, a efectuar una visita a la casa de moneda. Tras una minuciosa investigación se llegó a descubrir que el monto total del fraude perpetrado en la ceca alcanzaba la suma de 472,000 pesos, y que este había sido posible gracias a los arreglos que habían existido desde cierto tiempo atrás entre el ensayador de la ceca Felipe Ramírez de Arellano y un destacado industrial de Potosí, además ex alcalde de la Villa, llamado Francisco Gómez de la Rocha, quien, entre otras cosas, era proveedor de las pastas de plata a la ceca, lo cual facilitaba sus componendas delictuosas.

El pueblo, siempre presto a poner nombres, llamó a las monedas de baja ley producidas en Potosí, «Rochunas» en referencia al apellido del mercader inescrupuloso, y así, por el ingenio popular, el nombre del criminal se perpetuó en su obra.

Los pesos de Ovando y Ergueta quedaron autorizados para seguir circulando luego de recibir un resello que garantizaba sus nuevos valores. Los pesos y tostones de Ramírez de Arellano debieron ser retirados de inmediato para ser fundidos pero, en la práctica, siguieron circulando por un tiempo. Fue durante este período cuando el pueblo les dio el apelativo de «Rochunas»

 

 

 

 

 

 

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